Álvaro Pombo sí es profeta en su tierra

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Santander, 23 de agosto de 2023-. El escritor Álvaro Pombo ha recibido el XXXV Premio Menéndez Pelayo en una emotiva ceremonia donde se ha reconocido la obra del autor santanderino, su esfuerzo por reflejar en su trayectoria literaria la complejidad del mundo y ahondar en la psicología humana. Si en su obra profundiza en sus personajes, el autor no ha rehuido a lo largo de su trayectoria a autodefinirse y han sido sus propios adjetivos, utilizados por terceros, los que han trazado la parte más personal del escritor. “Joven señorito, soberbio y elitista, pero también reservado e introvertido. Creyente católico, rebelde, de derechas, de orden y anticomunista. Muy poeta y homosexual”, ha sido la descripción escogida por Fernando Valls, profesor de Literatura Española Contemporánea, durante su laudatio. Por su parte, el rector de la UIMP, Carlos Andradas, ha destacado a un “joven de 84 años burlón, marginal, filósofo frustrado, guasón, profundamente humano que a lo largo de su carrera ha abordado cuestiones de la identidad, la sexualidad y la complejidad de la realidad humana explorando la psicología a través de historias íntimas e invitándonos a pensar más allá de las convicciones establecidas”.

El foco ha estado puesto en el protagonista de esos adjetivos, que se ha dirigido al público exponiendo que el galardón le llega “en un momento de la vida con 84 años y muchos achaques” y le llega en una ciudad, Santander, de la que “tengo muchos conceptos”. “Los sitios hay que verlos y últimamente he decidido no ver nada, estar como un topo encerrado en un piso y creer que todo sale de mi memoria”, ha afirmado para luego fusionar esa memoria con la realidad: “Me he quedado absorto con la belleza del paisaje y la juventud de las personas que han sido jóvenes conmigo”.

Joven de 84 años

Ese “joven de 84 años” ha anunciado que le quedan “seis años de producción” y que está ante “el premio de todos los premios”. Y de galardones ha hablado también para definir a los escritores españoles como “discontinuos” porque “venimos saltando de premio en premio con lo que estamos aquejados de falta de dinero y rebosantes de dinero. La vida personal y económica de los escritores españoles es discontinua por razón de los premios”. Discontinuos pero también “poco institucionales y salvajes”, así ha descrito a los escritores para, finalmente, reconocer que “estoy en medio de un mundo muy complicado que entiendo a medias”. Una situación que lleva a Álvaro Porro a “agarrarme como una lapa al periodismo, a la historia y a la novela histórica porque, de alguna manera, encuadran en esa inspiración dispersa que tengo”.

Realista psicológico

Esas han sido las palabras dirigidas por el escritor ante un público que ha llenado el Hall Real del Palacio de la Magdalena y en un acto lleno de autoridades de la Comunidad Autónoma y de la ciudad, que también han asistido a la sentida laudatio pronunciada por Fernando Valls. Sin querer atribuirle generación literaria, pero sí compañeros como Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Juan José Millás o Antonio Mendoza, el profesor de Literatura ha expuesto las influencias anglosajonas de Pombo, definiéndolo como “un escritor realista psicológico, pero no entendiendo el realismo decimonónico, sino enriquecido con las corrientes del siglo XX y tratando de evitar el costumbrismo”, aunque sus narraciones también están llenas de “tropezones” de filosofía.

Valls ha dejado al descubierto la aportación de la narrativa de Álvaro Pombo a la literatura contemporánea, sin olvidar su faceta como poeta, ensayista, articulista e incluso como escritor de teatro. “La narrativa de Álvaro Pombo no se puede entender sin su poesía”, ha matizado. Esa versatilidad también ha sido elogiada por el rector porque ha llevado al autor “a recibir numerosos reconocimientos literarios, pero quizás no ha recibido el calor popular que otros escritores de talla similar sí han tenido”. Un calor que Álvaro Pombo ha recibido en su ciudad natal contradiciendo eso de que “nadie es profeta en su tierra”.